martes, 22 de julio de 2014

EDITORIAL

SALUD
Divino Tesoro
Escribe: Lic. MÓNICA RODRIGUEZ

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define que “la salud no sólo es la ausencia de enfermedad, sino un estado de completo bienestar físico y mental, en un contexto ecológico-social propicio para su sustento y desarrollo. La salud descansa en la esfera de prácticamente todas las interacciones, sociales y culturales y es, con ellas, un componente sinérgico de bienestar social”.

Visto de esta manera, la salud es un concepto amplio, complejo, dinámico, abarcativo de las diferentes dimensiones de la vida humana y componente esencial en términos de cantidad y calidad de vida, a la vez que contribuye de manera fundamental en la realización de nuestros proyectos individuales y colectivos.
Una sociedad que piense con visión de futuro, en el desarrollo sustentable a partir de la distribución equitativa y la igualdad de oportunidades no puede ignorar el papel determinante que la salud tiene como derecho humano fundamental y el vínculo estrecho y sinérgico que entre ellos hay.
El derecho a la salud, como derecho humano, está reconocido en numerosos convenios internacionales y regionales y puede ser definido a partir de una serie de elementos que deben estar presentes para lograr su efectividad: derecho de acceso a los servicios de salud y asistencia médica, como así también el derecho a condiciones esenciales y determinantes de la salud (acceso al agua potable, adecuada nutrición, vivienda digna, condiciones sanas de trabajo y el medio ambiente, acceso a la educación y derecho a la información sobre cuestiones relacionadas con la salud, incluida la salud sexual y reproductiva). Hay cuatro aspectos que no pueden estar ausentes:
1) Disponibilidad. Se deberá contar con un número suficiente de establecimientos, bienes y servicios públicos de salud, así como de programas de salud.
2) Accesibilidad.  Los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles a todos en cuatro dimensiones: no discriminación, accesibilidad, asequibilidad y acceso a la información;
3) Aceptabilidad. Todos los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser respetuosos de la ética médica y culturalmente apropiados, a la par que sensibles a los requisitos del género y el ciclo de vida.
4) Calidad. Los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser apropiados desde el punto de vista científico y médico y ser de buena calidad.

El reto es lograr que los Estados articulen su legislación, políticas públicas y acciones tendientes a asegurar un sistema de salud pública que incluya todos estos elementos.
En las últimas décadas tanto en Argentina como en el resto de América la participación ciudadana fue construyendo poder para promover cambios de abajo hacia arriba. Estas expresiones se han caracterizado por su capacidad para profundizar prácticas democratizadoras en el sector salud, toda vez que han llevado la voz de las necesidades e intereses de actores comunitarios a los diferentes ámbitos de decisión consiguiendo logros como las leyes de derechos del paciente, salud mental, fertilización asistida,  igualdad de género, celíacos, etc.
Desde la recuperación de la democracia, nuestro país hizo importantes avances en materia de reconocimiento del Derecho de la Salud, pero los resultados concretos son insuficientes y están muy lejos de alcanzar estándares adecuados para el desarrollo.
Mantenemos un sistema fragmentado y segmentado en el que la federalización de las facultades en materia sanitaria conlleva a una desarticulación tal que muchas provincias no pueden asegurar mínimamente la efectividad de acceso a la salud a los habitantes. Del mismo modo, la desigual distribución de los recursos económicos, humanos, materiales y tecnológicos entre las diferentes jurisdicciones y dentro de los mismos distritos la despareja posibilidad de diferentes sectores de la sociedad de acceder al derecho de salud, repercuten obviamente en las condiciones de equidad y calidad de vida de la población.

El Dr. Albino (médico sanitarista dedicado al tratamiento de la desnutrición infantil) sostiene que “La riqueza de un país es su capital humano, y si ese capital está dañado el país no tiene futuro”. No podemos pensar seriamente en el desarrollo si no abordamos estos temas de manera integral, multidimensional y multisectorial donde el Estado tiene un rol determinante pero la participación, el compromiso y la solidaridad de los ciudadanos sin duda pueden contribuir a establecer una estructura social más sólida para abolir definitivamente las innumerables situaciones de marginalidad, pobreza, falta de nutrición y de educación que se constituyen en un ancla irreductible para el Bien Común.

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